"Veamos algunas actitudes culturales que han estado hostigando a los pueblos de la cultura occidental. (..) En primer lugar, probablemente el hecho de que a todos los seres humanos se les enseña que no deberían necesitar ayuda, por lo cual se avergüenzan cada vez que la necesitan, o experimentan la sensación de que son tontos al buscarla o esperar que alguien se la dé.
En segundo término -y esto está sumamente extendido en la herencia cultural, de tal manera que es general que se le enseñe a la gente- tenemos la creencia de que las personas deben conocerse a sí mismas, saber lo que una u otra cosa fija llamada naturaleza humana es en realidad, distinguir entre lo correcto y lo erróneo y lo bueno y lo malo.
Y, en tercer lugar, se le enseña mas o menos a la gente que debe ser regida por la lógica, o tener sentido común. (Ya saben, el menos común de todos los sentidos.)
Finalmente, como una especie de generalización de todo eso: uno debe ser independiente. Uno no debería necesitar de alguien que le diga cómo tiene que hacer esto o lo otro y cómo tiene que vivir. Fue la noción culturalmente avalada de indepencia la que hizo que la historia de Robinson Crusoe fuese tan atractiva en nuestra feliz juventud, (..) Tal idea se fijó como el ideal de madurez humana (..)."
H. S. Sullivan
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Que la incomunicación vuelve loco, lo sabe cualquier carcelero. Sin embargo, hasta en la celda más sola no dejo de pensar en ti.
Que un caníbal me espere en los bordes de la lectura, no significa que la literatura sea una manera más de vivir, esto es, de no estar solo.
De un estar solo que es metafísicamente imposible: el único monstruo sería aquel Robinson soñado en un mundo sin otro. Viernes, o las huellas de los indígenas, son necesarias hasta para concebir la isla, no digamos la novela.
Leopoldo M. Panero:
Del difícil problema de estar solo.